Llamado a la solidaridad. (Hay que educarlos)

Hay que educarlos.
Hay que educarlos porque la educación es el principio básico para garantizar una sociedad en armonía, porque lo necesitan ellos y lo necesitamos nosotros, porque -aunque suene fuerte- son ignorantes, porque su no educación genera violencia e impide la inclusión, porque es muy triste, porque venden su cultura al mejor postor, porque así no se puede más, porque de lo contrario no vamos a ser iguales nunca. Hay que educarlos porque se nota a la legua que nunca nadie los educó.Son los que procuran -por su falta de educación- el paso inútil del tiempo mientras se sobrevive, la subsistencia de un modelo pedorro que se construyó hace un tiempo y debe extinguirse, y el querer tener, desesperadamente y en tiempo record, más de lo que se trabaja.
Hay que hacer un esfuerzo, una apuesta concisa, una odisea que nos involucre a todos, y enseñarles de una vez, darles las mejores herramientas. Hay que intentar. Hay que creer que es posible y darle otra educación a este sector de la sociedad como nunca jamás nadie se la dio.
Educar es combatir. ¡Educar es combatir!
Es necesario intervenir y es necesario ayudar. Nadie les mostró como funciona y como se lee el mundo: por eso naufragan con sus ideas famélicas; no son malintencionados, no son idiotas, no son salvajes.
Es sin lugar a dudas a ellos, a los que provienen de un abismo de miserias y creencias mochas, a quienes hay que asistir en primera instancia para que puedan convertirse en personas con criterio y con saberes amplios y hermosos. Para que rompan de una vez con el vacío existencial de su linaje invencible. Para que todos seamos libres.
A ellos, los lamentablemente adictos y viciosos, los que se meten cualquier mierda en el cuerpo para sentirse un poco bien, los que se pierden en el consumo, cualquier día, a cualquier hora, en cualquier lado.
A ellos, los desenfrenados de otra realidad, los aislados, los que nadie pudo cambiar.
A ellos, los del discurso vacío y la acción inútil.
A ellos; tan bien les vendría aprender.
Que lo acepten los ministros, que lo banque la gente, que lo financie el estado, que lo grite el viento y lo entendamos todos: si queremos un mundo igualitario, sin exclusión, sin violencia y con cultura, a los ricos hay que educarlos.

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